En la isla de Dreama existía una pequeña familia, Said quien era un niño de siete años de edad con su peculiar cabello
enmarañado y su padre, un hombre de edad
media reconocido pintor y "protector de bonsáis" o al menos así es como lo llamaban la gente del
pueblo.
Said tenía que viajar cada mañana en
su pequeña balsa desgasta hasta el otro lado de la isla por el lado sur para llegar a el centro del pueblo, de esta manera podía ayudar a
su padre llevando a casa la comida y fruta necesaria. El padre de Said no podía
vender por si mismo sus cuadros debido a su inexplicable fobia que lo hacia no querer abandonar su isla jamás, debido a esto el pequeño niño era el encargado de llevar
las pinturas hasta el muelle donde un viejo amigo de su padre se encargaba de venderlas.
Said desconocía sus raíces
maternas, cuando intentaba preguntarle a su padre este caía en una momentánea
situación de dispersión e inestabilidad emocional por lo cual Said prefería evitar dicho
tema. Su padre lograba cuidar de el de una manera muy peculiar, era su propio
maestro y guía, todo lo que Said sabia lo había aprendido de su padre, incluso
su extraño arte de mantener a los bonsáis sanos y con vida.
Cierto día Said no podía dormir,
había despertado a la madrugada por un extraño sueño de una dama encarcelada,
no la podía divisar bien ya que se encontraba en un lugar completamente oscuro,
logro identificar su forma debido a los débiles rayos de luna que caían sobre ella.
Al salir de su habitación en busca de su padre noto que se encontraba
sentado en el roble más viejo de la puerta delantera de su casa, cuando quiso
acercarse a él se dio cuenta de que su padre se encontraba ensimismado susurrando
frases al viento, “¡Elodia!, mi hermosa inspiración divida, más allá del tiempo
mi corazón y mi espíritu seguirán unidos a ti a través de aquellas tres
estrellas”.
Said no entendía nada de lo que
su padre hablaba, al pronunciar aquel extraño nombre, vino un recuerdo a él, se
dio cuenta que con anterioridad había visto aquel nombre tallado en una de las
rocas de la parte lateral de la isla, decido correr hasta este lugar como si
fuera impulsado por una fantasmal fuerza, al llegar se dio cuenta de que la
piedra brillaba con luz propia, en ella se dibujaba unos extraños garabatos que
parecían formar una constelación o talvez un mapa, ¡Era un mapa! tan sorprendente, era el mapa de su isla y de lo que parecía ser una ruta mar adentro marcando un punto de llegada.
Said dibujo en la arena el mismo sendero, grabo cada detalle de este extraño mapa en su mente mientras lo dibujaba. Momentos después se
dio cuenta de que su padre ya se encontraba en su casa por lo que decidió entrar y
dormir a su lado.
A la mañana siguiente Said
como acostumbraba fue a el pueblo a visitar a Elis, el amigo de su padre, su
confianza era muy grande por este personaje ya que sentía que podía encontrar un amigo en el, decidió contarle que había tomado la decisión de
emprender un viaje en su pequeña balsa, explico que era un viaje de exploración
por lo cual le pidió que le ayudase a arreglar la balsa antes de hacerlo.
Elis consideraba a Said un niño
muy e inquieto, por lo cual acepto sin vacilar suponiendo que este
no se alejaría tanto de la isla, mientras arreglaban la pequeña balsa, Elis
intento recomendarle lugares a los que el solía ir de niño, Said por su parte decidió
contarle lo ocurrido la noche anterior.
De esta manera Elis comprendió
cual era el plan de Said, por lo que decidió revelarle la verdad sobre aquel
extraño nombre, Adara era el nombre de su madre, quien era una semidiosa
engendrada por Alcander el dios de la fuerza de los mares y Elodie una
habitante del pueblo cercano al de la isla Dreama.
Su padre se enamoro perdidamente
de esta muchacha, pasaban noches enteras juntos intentando impregnar su amor en
cuadros y en melodías creadas por el extraño lenguaje de los bonsáis, su amor
era tan fuerte que Adara esperaba el nacimiento de un nuevo ser, al enterarse
esto, el padre de Adara enfureció por el hecho de que la muchacha prefería pasar
toda su vida junto a un simple mortal en lugar de un semidiós como los que conoció
a lo largo de su vida, fue castigada por su padre quien le hizo elegir entre su
libertad y la pérdida de su hijo.
Said comprendió que era fruto de un amor más intenso que la luna en medio de la
noche, por que el estaba vivo y junto a su padre, sabia cual era la elección de
su madre.
Este pequeño niño sintió la
necesidad de ir hasta donde estaba su madre, en su interior sabia que el mapa
encontrado lo llevaría hacia ella, necesitaba hacerlo por el y su padre, Elis
por su parte comprendía sus motivos, por lo que en un intento de cuidarlo le
revelo viejas historias que rondaban en su pueblo las cuales hablaban acerca de
los guardianes discípulos del dios de la fuerza de los mares, estos eran unos crustáceos
con cara de algas marinas que se escondían en la profundidad de los mares y que
atacaban a aquel que se atreviese a actuar en contra de lo que la ley de dicho
dios dictaba.
A su corta edad Said decidió que
sus motivos eran más fuertes que cualquier peligro que se le podría presentar,
agradeciendo a Elis este se despidió con un fuerte abrazo deseando volverlo a
ver junto a su familia completa.
Al volver a la isla Said comprendió
en su totalidad la manera de ser de su padre, sin decirle nada después del
almuerzo Said emprendió el viaje mar adentro, zarpo por el lado Noreste de la
isla, su viaje era tranquilo como los viajes a los que diariamente estaba
acostumbrado.
Al dar las cinco de la tarde se dio cuenta que el
ambiente había cambiado, el cielo parecía mezclarse con el mar como si estos
fueran uno solo, hacia frió y no había rastro de nada más que el inmenso ambiente
azul que le rodeaba.
No podía haberse equivocado de rumbo, tenía el mapa tan claro en su cabeza como
si lo estuviese viendo en ese preciso momento. En un abrir y cerrar de ojos se
dio cuenta de que su balsa comenzaba a precipitarse, cada vez la corriente era más
rápida.
Se acercaba a una especie de
remolino que se podía divisar a menos de 3 metros, su única salvación era
saltar de su compañera de camino, abandono la balsa y llego hasta unas rocas
donde pudo descansar y al mirar hacia aquel remolino se dio cuenta de que este
en su interior tenia un color verdoso, cuando saco los larga vistas de su padre
que había guardado en su bolsa de provisiones se dio cuenta de que sin duda
alguna eran los crustáceos guardianes de la entrada donde se encontraba su
madre.
Esto significaba dos cosas, sin
duda alguna había seguido el camino correcto, y la segunda era que se
encontraba en un enorme peligro ya que su balsa se había destruido y no podía encontrar
la manera de burlar aquella guardia.
La noche comenzó a caer y Said sentía
que el frio que le rodeaba cada vez era más intenso, la luna era su única compañía,
su padre debía estar viendo la misma luna y aquellas tres estrellas que
extrañamente siempre estaban juntas brillando con la misma intensidad, para
Said ahora existía la posibilidad de que su madre también estuviera viendo lo
mismo, y fue entonces cuando comprendió que no importara a la distancia que se
encuentre su familia, los tres verían la misma luna y estrellas lo que los mantendría
juntos.
Se sintió con las fuerzas
suficientes para intentar llegar hasta donde estaba su madre, mientras estaba
en este lugar se dio cuenta que aquellos crustáceos no tenían ojos, o eso es lo
que el pequeño niño suponía ya que no había nada más que algas en el rostro de
estos.
Estos se guiaban por las vibraciones que producían las cosas que navegaban en
la corriente de este mar, cuando las ramas grandes de los arboles pasaban por
su lado las destruían de un solo golpe, pero cuando estas eran pequeñas no las sentían
llegar.
Said decidió subirse en una de
las ramas pequeñas que pasaban a su lado, debido a su pequeño porte alcanzo
perfectamente en esta, al acercarse a estos seres Said se aferro a la rama con
sus brazos y piernas esperando que nada ocurriera.
Lo había conseguido, los
guardianes no notaron su presencia, el tronco lo llevo hacia la orilla de una
entrada hacia una cueva, esta se veía muy oscura y fría… debido a lo desgastado
de las piedras por unos pequeños orificios a esta entraban rayos de luna.
Said sintió la misma fuerza que
lo empujo a descubrir el mapa, esta vez sentía que necesitaba entrar en aquella
cueva, no veía nada, el piso estaba húmedo y lodoso, todo estaba en un silencio
intenso, hasta que escucho una pequeña melodía que hizo que su cuerpo se estremeciera,
era la voz más hermosa que había escuchado en su vida, nada se le comparaba ni
siquiera el golpear de las olas en un atardecer perfecto, siguió el sonido de
aquella melodía hasta que vio la silueta de una extraña dama, tal y como el
sueño que lo había llevado hasta esa situación, sin dudarlo apresuradamente se
acerco a ella.
Adara sin siquiera poder verlo sabía
que era él, su hijo,
Adara:”Las estrellas brillan con
su resplandor más puro eres tu Said, mi vida entera, mi más bello instante”.
Said abrazo fuertemente a su madre, y en ese preciso momento las olas del mar
se volvieron más agresivas, el mar comenzó a rugir con furia, pero Said no sentía
miedo se sentía seguro en los brazos de su madre, no había una dicha más grande
para el que el encontrarse en ese preciso lugar y momento.
En la entrada de aquella cueva se
divisó la figura de un gran hombre alto y fuerte, Adara desesperadamente
intento sacar a Said de este sitio, pero le fue imposible aquella figura grande
y fuerte era Alcander, quien con toda su
furia intento condenar al alma de Adara a quedarse encerrada por toda la
eternidad, y ella presenciaría la muerte de su hijo mortal.
Said jamás había sentido tanta
ira en el, sabía que ningún dios era lo suficientemente fuerte para acabar con
lo más puro de su vida, se dirigió hacia Alcander y con voz fuerte le grito: “Los
cerebros de los dioses deben ser tan pequeños como la arena del mar, es que
acaso no comprendes que ni tus poderes podrán separar a nuestra familia, el
poder de la luna y las estrellas siempre nos mantendrá unidos, mientras que tu
siempre serás un viejo solitario y estúpido”
El cuestionamiento de Said hizo
que Alcander se distraiga lo suficiente para permitir que Adara lo empujase
hacia el mar, el cual ya no era dominado mas por el, la luna se encargo de
enviarlo a las profundidades para que el sea quien cumpla su castigo eterno de
soledad.
Adara con sus sabios
conocimientos fabrico una balsa para ella y su hijo en base a los crustáceos muertos,
madre e hijo pudieron conversar por varias horas hasta llegar a su hogar en la
isla Dreama donde su padre se encontraba, a lo lejos divisaron a el mismo dando
vueltas de un lado hacia el otro por la isla, había pintado hasta en el techo
de su casa a su amada Adara y a su hijo Said, al verlos juntos no pidió explicación
alguna, simplemente se echo a llorar mientras abrazaba fuertemente a su familia
a quienes pensó haber perdido.