viernes, 5 de abril de 2013

Capulí




Un día más que se pierde en el horizonte de aquella montaña al final del camino de rocas y tierra que se puede divisar desde el lugar donde encontramos a aquella muchacha de risos oscuros y ojos de un color parecido a la coca cola, sentada en aquel techo de tejas desgastadas y arboles de capulí estos dejan caer sus ramas a la distancia precisa del lugar favorito de dicha muchacha, puede tomar los frutos que caen justo a su lado.
 Aquellos arboles deben tener la edad de su madre Elizabeth, de quien heredo su tan característica sonrisa de amabilidad, se encuentra sumergida en sus escritos acerca de guerras del antiguo Japón y los Guerreros del mismo creados por su imaginario, impregnados en su bitácora personal.
Justo antes de ocultarse el sol, placenteramente decide llevar a su boca el ultimo capulí de su día, dejando de lado sus instrumentos de escritura, se da cuenta de que algo brilla debajo de una teja rota del lado izquierdo de su aposento, no la había visto, en realidad no se encontraba hay el día anterior, ese extraño resplandor llamo tanto su atención que se apresura a acercarse a él como si fuera impulsada por fuerzas lejanas a su ser al tocarla sintió su forma muy reconocible, era un tillo pero este a diferencia de cualquier otro tenía una temperatura peculiar era tan frio como un hielo recién salido de su recipiente, Melany, al levantarlo de aquella teja se dio cuenta que ya no se encontraba más en su lugar favorito, este extraño lugar era tan diferente y reconocible a la vez, sabia de que se trataba, estaba en algún lugar del antiguo Japón pero como era esto posible? acaso se había caído de su lugar favorito y se había golpeado la cabeza?, intento correr desesperadamente para de esta manera despertar de aquel sueño, pero mientras mas corría sentía que algo iba cambiando en ella ya que sus capacidades de correr y saltar obstáculos eran impresionantes tan parecida a las de un Samurái, exactamente eso es lo q reflejo el río a donde llego, lucia como una mujer Samurái.
Al revisar los bolsillos de su tan hermoso traje lo único que logro encontrar eran un par de dados, se molesto tanto al saber que lo único que tenia con ella era esto, lo que provoco que con todas sus fuerzas intente lazarlos al río pero extrañamente estos no se hundieron, al contrario flotaron.
Instantes después a su lado se encontró con un perro, no sabía de dónde había aparecido ya que mientras corría a este lugar no logro divisar ninguna señal de vida, Melany se sentía tan triste que no pudo contener su llanto, en un desate de nostalgia, abrazo a aquel perro que la veía con tanta curiosidad, poco a poco fue escuchando voces, desesperadamente alzo su cabeza y se dio cuenta que se encontraba en medio de una comunidad del Japón antiguo, habían personas y casas, no se explicaba como había llegado todo eso, intento pararse para poder acercarse a entablar conversación con alguien de este lugar pero no lo logro porque al soltar al perro todo a su alrededor había desaparecido, era el perro la conexión con este lugar, Sin quitar la mano de la cabeza de su acompañante se acerco a una señora sentada en el pórtico de una choza, con la mirada perdida hacia aquel río.
Cuando intento presentarse, fue esta dama quien se adelanto a hablarle, con mirada profunda y voz temblorosa, le dijo que su sonrisa era tan pura como el agua de aquel río, sin decir más le dijo que necesitaba su ayuda, le prometió que si llevaba la escafandra de su hijo al otro lado del río iba a conseguir lo que su alma buscaba realmente, Melany sin pronunciar palabra alguna asintió con la cabeza, intento con todas sus fuerzas pronunciar palabra, preguntar qué le había pasado y el por qué, pero la mirada fija de dicha dama era embrujante, no podía decir nada, se sentía en una paz tremenda
Ya que no tenía opción alguna al sentirse perdida en este lugar se encamino en su búsqueda, aquella dama de mirada fija le explico que debería buscar sus dados para poder cruzar el río y que no debería desviarse de su camino ya que al ocultarse el sol las posibilidades de que logre su cometido eran escasas.
Su guía había estado con ella todo el tiempo, este perro era tan dulce y tierno que melany decidió llamarlo capulí, al regresar al lugar preciso donde había lanzado sus dados, se dio cuenta que estos no se habían hundido ya que habían caído en una balsa larga con espacio suficiente para ella, su guía y aquella misteriosa escafandra.
Al seguir la corriente del río se sentía tranquila, aunque lejos de su casa y con la incertidumbre de cómo encontrar al destinatario de la escafandra, ella inexplicablemente se sentía complacida con lo que estaba viviendo ya que era como estar en uno de sus escritos, decidió cantar su canción favorita, aquella canción que desde pequeña había recordado que su padre la cantaba, él le había relatado que incluso antes de que naciera él sabía que era para ella, al perderse en estos pensamientos no se dio cuenta que justo a su lado se encontraba una balsa más pequeña, al divisar a quien la manejaba se dio cuenta que este estaba a punto de clavarle una espada, con sus extraños nuevos reflejos logro esquivar el ataque, dicha espada eran tan afilada q hizo un enorme agujero en la balsa desesperadamente intento cubrir a su guía, pero al darse cuenta ya no era su cabeza la que estaba tomando, era el mango de una espada, su acompañante había tomado la forma de este extraño objeto, decidió pelear con quien la había atacado, de un salto brinco hacia tierra firme, dejando la escafandra rápidamente entre las hiervas, siguió luchando por su vida, no sabía cómo lo estaba haciendo pero su capacidad de protegerse era sorprendente rápidamente estuvo a punto de apuñalar a su contrincante, pero se dio cuenta que no era más que un joven con extraños trapos en sus orejas, decidió preguntarle por que lo había hecho, el con ira le respondió que iba a asesinar cualquier señal de música ya que esta por alguna extraña razón siempre lastimaba sus oídos, explico que al escucharla cantar sintió el dolor más fuerte de su vida, pensó que eran sus enemigos quienes lo atacaban.
 Melany con tristeza se disculpo y pregunto si podía hacer algo para compensar su grave error, con mas ironía el respondió q su única salvación eran unos extraños amuletos que se disfrazaban como dados, rápidamente ella recordó que todavía traía con ella aquellos dados, al sacarlos él se arrodillo suplicándole q le daría cualquier cosa a cambio de ellos.
Melany recordó que su barca era inservible y que necesitaba un transporte para llegar a su destino, con su tan característica sonrisa Melany pidió su pequeña barca, el acepto fácilmente y así fue como Melany regreso a navegar por aquel río.
Recogió la escafandra y subió con su guía convertido en espada a la balsa, al seguir navegando se dio cuenta que las cosas a su alrededor eran diferentes, parecían de otra época, de una más moderna al llegar a un muelle habían muchas personas que lucían como si fuesen de su misma época.
Estaba a punto de atardecer y Melany no encontraba el destinatario de su escafandra, al sentirse derrotada lo único que logro hacer es seguir el sonido de un bajo eléctrico que resonaba desde un pasillo de la calle principal, al acercarse a este se dio cuenta de que quien lo interpretaba era un muchacho de mirada profunda muy parecida a la de la dama de la voz encantadora, con una sonrisa él se acerco a ella y sin preguntar nada quito la escafandra de sus manos y en su lugar puso aquel bajo eléctrico, cuando intento regresar a verlo el había desaparecido, Justo antes de que el ultimo rayo de sol se oculte Melany se dio cuenta de que en la parte superior de bajo se encontraba aquel tillo que había encontrado en un principio, al tomarlo volvió a sentir la misma sensación de frío.
Al tomarlo completamente escucho aquel sonido tan reconocible para ella era la moto de su padre llegando por el camino de piedras y arena, al mirar a su alrededor se dio cuenta que había vuelto a casa, todo había pasado en cuestión de segundos, se encontraba en el mismo lugar de donde había recogido el tillo de su tejado, este ya no brillaba era de un color plata, nada diferente a los comunes, en realidad había tomado ese color con el ultimo rayo de sol.
Melany no comento nada a sus padres sobre lo sucedido, decidió escribirlo en su bitácora como uno más de sus relatos favoritos, al bajar de su tejado miraba su casa de una manera diferente la pipa de su abuelo en el mueble se veía tan bella, como uno de los mejores tesoros de su casa, como una escafandra familiar.
Con una gran sonrisa decidió salir con sus padres a comer pizza y por primera vez en su vida decidió gastar su dinero en ellos antes que en cualquier otra cosa.

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