jueves, 18 de abril de 2013

Un bosque en llamas


Es una mañana tranquila donde sobre salen aquellas melodías resultantes del rose de las ramas que son empujadas por el viento, aquel olor fresco tan ensimismante como el mismo crujido de las hojas caídas en el césped, la sensación de los insectos que vuelan muy cerca de las flores acompañados con el sonido tan característico de sus alas agitándose.

Se puede sentir ese calor tan fuerte como un rayo directo cayendo con la mas potente energía, tanta que todo comienza a calentarse, del césped que lleva un color amarrillento producto de la falta de lluvia comienza a salir una especie de nueve, se eleva a los cielos como si intentara desvanecer a aquel rayo incandescente.

Es inútil el calor se a combertido en llama, y la nube en humo asfixiante, el crujir de las hojas ahora suenan como un lamento de dolor, los insectos ya no vuelan más, el viento, el gran director de la orquesta de las ramas ahora es el culpable de que este crujir de dolor se expanda aun mas.

Todo se a extinguido no queda señal de un verde natural, en su lugar a quedado un lugar valdio, todo a tomado color de una escala de grises, como si las cenisas fueran reproduciendo una película triste a blanco y negro una y otra ves.

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